Hasta hace relativamente pocos años no se prestaba atención con la importancia suficiente a un tema, que nos afecta de forma directa, como es la calidad del aire. Pero hoy en día está comprobada la relación que existe entre la contaminación y el cambio climático, siendo  en las grandes ciudades donde  podemos encontrar las mayores  fuentes de contaminación. Las más habituales son los gases generados por los vehículos y los que provienen de los procesos de producción de las fábricas, incrementando en gran cantidad los niveles de dióxido de carbono (CO2), y otros gases contaminantes como los óxidos de azufre (SOx ) y óxidos de nitrógeno (NOx)que van directamente a la atmósfera. Estos gases no solo contribuyen a la destrucción de la capa de ozono sino que afectan en mayor o menor medida a la salud de las personas. Los efectos que pueden producir en la salud pueden ir desde dolores de cabeza o mareos hasta agravamiento del asma y bronquitis, y en los casos más extremos provocar la muerte. Poco a poco parece que vamos tomando más conciencia con respecto a este tema, y ya son algunas ciudades las que han decidido poner medidas para disminuir las concentraciones de estos gases contaminantes. Como por ejemplo la establecida recientemente en Madrid de limitar la circulación por el centro de la ciudad. Una medida un tanto polémica pero que sin duda ha ayudado a reducir los niveles de contaminación de la capital. Otra medida implantada cada vez más por los ayuntamientos es la creación de un mayor número de carriles bici para fomentar el transporte a través de este medio y así evitar coger el coche. Existen otras medidas que podemos realizar nosotros mismos adquiriendo pequeños hábitos y que, de forma indirecta, también ayudarían a rebajar los contaminantes atmosféricos. Como compartir el coche, usar el transporte público o realizar la separación de los residuos desde nuestras casas. Cuando reciclamos estamos volviendo a utilizar un material que ya se ha fabricado, y aunque el proceso de reciclaje conlleve un gasto de energía es mucho menor que el de fabricación, así que de esta forma se genera menor cantidad de contaminantes a la atmósfera. Cuando se habla de contaminación atmosférica es frecuente relacionar este término con la imagen de una niebla compuesta por gases, pero para que un aire esté contaminado no necesariamente los gases tienen que ser visibles, así como también existen otro tipo de contaminantes en ocasiones también presentes en el aire como son los de origen biológico, es decir bacterias y virus que se encuentran en el ambiente y que de igual forma nos pueden ocasionar problemas de salud. En muchas ocasiones, nos encontramos con que parte de estos contaminantes se encuentran  en el interior de los edificios haciendo que la calidad del aire no sea la idónea para las personas que allí se encuentran. Bien porque estas instalaciones se encuentren ubicadas en lugares próximos a focos de contaminación o bien porque desde el propio edificio se generen estos contaminantes. Cuando un edificio posee una mala calidad del aire interior afectando de forma negativa a parte de sus ocupantes se le denomina síndrome del edificio enfermo y existen varios factores que son determinantes. Entre ellos, los materiales empleados en la construcción del edificio o el funcionamiento de los sistemas de ventilación. Una ventilación inadecuada es una de las principales causas de la mala calidad del aire en los ambientes cerrados. La sintomatología de los afectados, en estos casos, no suele ser grave pero sí puede provocar mareos, dolor de cabeza, somnolencia, dificultad para concentrarse, náuseas,  irritación de ojos y piel y sensación de ahogamiento. Por ello, es cada vez más frecuente que se tenga en cuenta el factor de la calidad del aire dentro del ambiente laboral, ya que estos síntomas pueden repercutir negativamente tanto en la salud de la persona como en el rendimiento de su trabajo. Según la normativa vigente, RD 238/2013 sobre modificaciones del RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios), en locales que tengan instalados un sistema de ventilación con una potencia superior a 70 KW es de obligado cumplimiento que se revisen una serie de parámetros para valorar la calidad del aire.